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Český Krumlov

Un viaje a la edad media

Český Krumlov es una preciosa ciudad medieval ubicada en la región de la Bohemia del Sur, a apenas a una hora de Linz en Austria y a dos horas y media de Praga. Ubicada sobre dos colinas que dan forma al meandro del Río Moldava, el más largo de la República Checa, es un destino magnífico para viajar al pasado con tus hijos. Llena de pequeños museos y curiosidades, pocas ciudades pueden presumir de tener una pizzería en una casa medieval. Terminar la ruta recorriendo toda la familia el rito en bote neumático hace que el plan sea perfecto para un día en familia.

Un poquito de historia

El pasado de la ciudad está muy vinculado a la familia Rosemberg, una dinastía de nobles con la que la ciudad experimentó su máximo desarrollo durante los siglos XIV a XVII. Su escudo, una rosa de cinco pétalos, se encuentra en las fachadas de muchos edificios y en el castillo que preside una de las colinas donde se asienta la ciudad.

A finales del siglo XVIII y durante todo el siglo XIX, la ciudad cayó en el olvido y muchos de sus principales monumentos quedaron en situación de abandono hasta que en los años sesenta empieza su proceso de regeneración para convertirse, tras su declaración como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1992, en uno de los principales destinos turísticos de la República Checa.

La ruta que te proponemos se puede realizar en un sólo día, pero la hemos dividido en dos etapas.

Viajar a Cesky Krumlov con niños Republica Checa

El castillo de Krumlov y la calle Latrán

La ruta comienza en uno de los cuatro aparcamientos que se distribuyen a las afueras de la ciudad (1). Antes de volver al coche al final del día, recuerda que sólo se admiten pagos en efectivo, bien en euros bien en coronas checas, por lo que no está de más que te reserves moneda nacional para pagar. 

Puerta de Budějovice

Una vez hayas aparcado el coche, te puedes dirigir a la calle Latrán. A tu derecha, a la entrada de la ciudad (2), verás la Puerta de Budějovice y su reloj de sol. Construida en el siglo XVII, es la única que queda aún en pie de las ocho que daban entrada a la ciudad.

El castillo

Bajando por la calle Latrán en tu camino hacia el castillo, pasarás por un arco (3) que sustenta un pasillo cubierto que comunicaba el castillo con la Iglesia del Convento de la ciudad. Desde allí, podrás subir hasta el castillo (4), no sin antes pasar por el foso de entrada (5), que alberga una pareja de osos.

Historia

La primera referencia histórica del castillo data de 1253 pero su disposición actual se debe fundamentalmente a la remodelación al estilo renacentista que la familia Rosemberg realizó a lo largo del siglo XVI. De ellos, la propiedad del castillo (y de la ciudad) pasó primero a la dinastía de los Habsburgo, en 1601, después, por concesión de estos a los Eggemberg en 1622, y finalmente a los Schwarzenberg en 1719. Desde 1628, los dueños de Český Krumlov ostentaban el título de Duques de Krumlov. En 1947 el castillo y sus propiedades fueron transferidas al Estado.

El recorrido

El conjunto está constituido por una serie de palacios conectados entre sí y construidos en torno a diferentes patios. Tiene tres partes accesibles al público. La primera de ellas es el museo, abierto en 2011. Recoge una colección de objetos que reflejan la vida en el castillo durante los siglos XIX y XX. Destaca también la colección de piezas de arte sacro en la misma sala donde se encuentran las reliquias de San Reparat así como las muestras de maquinaria de la fábrica de moneda que albergaba el palacio.

La segunda parte de la visita consiste en la subida a la torre del castillo, desde donde tienes una panorámica fabulosa de la ciudad.

Las diferentes rutas

Y finalmente, la última parte del recorrido consiste en tres rutas que se ofrecen por las diferentes salas del palacio: la ruta I, que se centra en los períodos renacentista y barroco del castillo; la ruta II, que se centra en la historia de la familia Schwarzenberg e incluye un paseo por la parte superior del Puente de la Capa, y la ruta III, que consiste en una visita al teatro barroco del castillo.

La visita al castillo se completa con la subida a las caballerizas, pasando por el Puente de la Capa (6), desde donde podrás tener unas vistas impresionantes de la ciudad (7).

Planifica con antelación

A la hora de planificarte, recuerda que la visita al museo y la subida a la torre la puedes hacer a tu aire, pero las otras tres rutas se deben mediante visita guiada en horarios prefijados. Además, dentro de las tres rutas, la del teatro barroco requiere reserva previa. También debes tener en cuenta que hacer los tres recorridos te puede llevar dos horas y media como mínimo a lo que debes sumar el tiempo que te lleve el museo y la subida a la torre, por lo que te recomendamos que elijas una sola de las tres rutas posibles, pero eso dependerá de los días en los que vayas a estar en la ciudad.

La calle Latrán

Después de tu visita al castillo, podrás bajar por la calle Latrán, en la que aún se conservan muchas fachadas góticas de algunas de las casas que se construyeron durante la Edad Media. Una de ellas en la actualidad alberga una pizzería (8). En la calle Latrán te encontrarás alguna crepería y, sobre todo, podrás probar el trdelník, un dulce típico con sabor a canela. También se localiza aquí el Museo de las Marionetas de la ciudad (9) y la Iglesia de San Justo (10), que se encuentra cerrada al público.

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Plaza Svornosti e Iglesia de San Vito

Museo del Comercio

Cuando cruces el Río por el puente de Lazebnický (1), podrás pararte un momento a contemplar las vistas del castillo. Desde allí te podrás dirigir al Museo del Comercio (2), un pequeño museo de entrada gratuita y que se recorre en apenas 15 minutos, donde podrás encontrar todo tipo de objetos del siglo XIX y de principios del siglo XX relacionados con el comercio de la época.

La Plaza Svornosti

El callejón donde se encuentra el museo te conduce directamente a la plaza Svornosti (3), donde se encuentra el Ayuntamiento y la Oficina de Información Turística (4). En la plaza, podrás observar igualmente ejemplos de fachadas de estilo gótico, barroco e incluso rococó, así como, en el centro, la Columna de la Peste, dedicada a la Virgen María y a los ocho santos que protegieron a la ciudad de la epidemia.

Museo de la Moldavita

Desde allí te podrás acercar a ver una de las rarezas de la ciudad: el Museo de la Moldavita (5), un pequeño museo donde te explican la historia de la Moldavita, una piedra que se encuentra sólo en Centroeuropa y que debe su origen a un meteorito que chocó con la tierra hace quince millones de años. La visita puede durar una media hora e incluye un video explicativo en inglés. Sólo para aficionados a la geología.

Laberinto de espejos

En tu camino por la ciudad podrás ver el molino de la ciudad (6), asomarte a otro de los puentes que cruza el Río Moldava para tener otra panorámica del castillo (7) y dejar que los niños pasen un buen rato en un laberinto de espejos (8). Es barato y seguro que les llama la atención ya que cada vez se ven menos este tipo de atracciones.

La iglesia de San Vito

Después de atravesar la plaza Na Louži (9), pasarás por la tienda de Koh-I-Noor Hardtmuth (10), una cadena muy conocida en Centroeuropa que comercializa desde 1790 productos de papelería. Allí podrás comprar a los más pequeños alguna chuchería. De esta forma podrán encarar con más ánimo la última cuesta de la calle Kostelní. Pero antes puedes salir al tercero de los puentes que cruzan la ciudad (11) para poder tener una panorámica de la Iglesia de San Vito (12).

Construida en el siglo XV al estilo gótico flamígero, fue objeto de sucesivas remodelaciones de las que son fruto el altar de estilo barroco y el púlpito de estilo rococó. Coronando el altar está la escultura de San Wenceslao. Contiguos a la iglesia, se localiza la Capellanía (13) y la Prelatura (14), ambos de estilo gótico. Justo enfrente del antiguo colegio jesuita de la ciudad (15) hay un mirador desde donde te podrás despedir de la ciudad con unas magníficas vistas (16).

Paseo en barca neumática

El punto final de la ruta (17) lo pone un paseo en barca neumática donde toda la familia (hasta un máximo de siete personas) podrá descender el Moldava y cruzar las dos esclusas que hacen que el Río sea navegable. La verdad que fue uno de los momentos más divertidos del día. Admiten a niños de todas las edades, pero nosotros te recomendamos que, por lo menos, sepan nadar.

Te entregan unos chalecos salvavidas y una bolsa impermeable donde poder meter todo lo que no quieras que se moje.

La empresa ofrece varios recorridos, pero el que te proponemos es el más corto de todos (dura una media hora), que te lleva de vuelta al aparcamiento donde has dejado el coche (18). Si dudas si hacerlo o no, asómate alguna vez al río para ver si te llama la atención o no.

Si todavía te quedan tiempo y ganas, puedes acercarte al Monasterio de los Caballeros de la Santa Cruz de la Estrella Roja, la única orden eclesiástica checa, (19) o a la fábrica de cerveza Eggenberg (20), si bien esta requiere cita previa.

Por último, si vas a viajar a la República Checa, no olvides consultar nuestros consejos de viaje y otros destinos recomendados que hemos incluido en la página sobre este país.

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